¿Sería conveniente internarme en una residencia de ancianos?

Enviado por condemorcete el 18 de mayo de 2017

Hace muchos años que estoy en tratamiento psiquiátrico. Desde los 25. Me jubilaron a los 39. Tengo 52. He ido perdiendo las aficiones que tenía y me paso el día sin hacer nada. Ya no tengo amigos. Tampoco familia. Paso el tiempo solo en la calle o en casa. He estado mirando residencias de ancianos porque en un centro psiquiátrico no me admiten. Dicen que las residencias de ancianos son sitios deprimentes. Estuve de voluntario en una y no me lo pareció tanto. También hay personas de mi edad con circunstancias parecida a la mía. ¿Es raro querer ir a un sitio de esos cuando ya no le queda a uno nada que hacer en la calle? Y cuando digo nada es eso: nada. Paso el día viendo películas y oyendo música sin prestar apenas atención. Los veranos y las primaveras lo llevo medio bien, pero cuando llega el invierno me entra terror de estar solo, angustia. En una residencia de ancianos estaré entre gente, aunque sean mayores.



#7 tsakurai

Lo que explicas en tu anterior envío y este me recuerda a la depresión sufrida por dos parientes cercanas. Una de ellas logró superarlo gracias a que dió con una especialista adecuada que le recetó una medicación acorde y al cabo de menos de 10 años pudo quitarse la medicación por completo sin recaer. La otra, pasó por varios tratamientos psiquiátricos sin éxito los últimos 20 años de su vida hasta fallecer a los 75.

Lo que intento decir es que quizá no has dado con el psiquiatra adecuado y quizá no es necesario que pienses en ser ingresado aún.

Ánimo y un abrazo muy grande.

El psiquiatra que me trata dice que lo que tengo no es para preocuparse. Dice que tengo ciertos síntomas depresivos. Yo tampoco me encuentro más triste que de costumbre, la verdad. Lo que tengo es una sensación de aislamiento y soledad que me está aplastando, y eso me produce miedo a estar solo. Es por eso por lo que he pensado lo de la residencia. Los psiquiatras me dicen que no estoy para ingresar en un piso tutelado o en un centro para discapacitados mentales o enfermos mentales, que no tengo una patología como para eso. Eran soluciones que veía a mi problema de soledad. Incluso llegué a pensar en meterme en una especie de secta que hay cerca de mi casa en la que ayudan a toxicómanos, pero yo ese rollo del cielo y del infierno nunca me lo he creído. Es la sensación de aislamiento en casa la que me produce desazón, un malestar indefinido que se parece demasiado al miedo. Por eso y no por otra cosa he estado mirando residencias: para estar entre gente. Ya sé que se pierde libertad, pero también he dicho ya, y lo repito, que yo no quiero mi libertad para nada, no la uso, no le saco provecho. Lo que noto es que según pasa el tiempo me siento peor, que sigo tomando la medicación pero mi sensación de vacío no desaparece, y sobre todo eso: echo de menos estar en un sitio donde haya más gente. No me hubiera importado entrar en un psiquiátrico, la verdad, por lo menos hablan entre ellos y se cuentan sus cosas.


#33 Prostatico

¿Cómo conseguiste quitarte los dolores musculares? Me interesa mucho ya que estoy en la misma situación que tú.

¿Qué fuentes de ingresos tienes? Yo por suerte puedo trabajar pero en un futuro no sé qué pasará, sé que tarde o temprano tendré que dejarlo y mi máxima preocupación es conseguir un sustento.

Los dolores los vencí yendo a buenos fisioterapeutas y siguiendo sus consejos, sobre todo hacer ejercicio moderado, alimentarme bien y descansar, y tomarme las cosas con calma, pero me llevó muchos años vencer esa situación, que quede claro.


#70 miau

Había entrado a decir lo mismo, pero el meneante claramente se ha rendido. Supongo que algunos nos llevamos las manos a la cabeza con algo así y no lo entenderemos nunca, a poco que hayas visto mundo te das cuenta del privilegio y las oportunidades que tenemos simplemente por ser europeos. Creo que algunos no nos rendiremos nunca, si no nos podemos ganar la vida en Europa lo haremos en Estados Unidos y si no en Sudamérica o en Vietnam, pero mientras tengamos nuestras dos manos no nos rendiremos.

Yo también pensaba así hasta hace pocos años: que nunca me rendiría. Pero a algunos nos llega un momento en que ya no vemos salida por ningún lado. Y nos rendimos. Comienzas renunciando a pequeñas cosas, luego a otras mayores y finalmente te quedas sin nada. Es así de simple.